the whole south america has a very important manner to understand it, such a great continent, so much richness provided by nature, so much will and determination to take action. This site intends to show history, and explain why this lands, colon´s, vespucio´s, pizarro´s lands is always expected to be a promise, this is a land of promises. freedom, justice, brotherhood, equality: same words shouted in two continents. here in the mouth of Atahualpa.

Wednesday, June 08, 2005

EL FALSO SAN MARTIN

EL FALSO SAN MARTÍN
Medio:
Revista DEBATE
Sección:
CULTURA
Fecha:
20 de agosto de 2004
Le presentamos el artículo de Rodolfo Terragno publicado en la última edición de la revista DEBATEEL FALSO SAN MARTÍN
La semana pasada, a 154 años de su muerte, debimos soportar (otra vez) los lugares comunes y errores que suelen plagar discursos, artículos y libros sobre el Libertador. Durante años, se lo presentó como una suerte de Redentor, sin pecado concebido. Ahora, la moda es “humanizarlo” y sugerir que era un “agente inglés”. San Martín da para todo porque –dicen quienes no lo han estudiado bien— era misterioso. El verdadero San Martín no era enviado de Dios ni de Su Majestad británica.
San Martín no era misterioso. Sus biógrafos lo hicieron así, quizás porque lo arcano es romántico y las grandes biografías de San Martín fueron escritas en tiempos de romanticismo. O porque aquellos biógrafos escrutaron más la vida del héroe que su época.
Estos son algunos de los “enigmas” que (todavía se dice) nunca fueron develados: “¿Qué fue ese ‘llamado de la Patria’ que sintió en España y lo impulsó a venir?”. “¿Por qué, antes de embarcarse rumbo a América, pasó cuatro meses en Londres?”. “¿Cómo se explica que los comandantes de la escuadra que llevó al Perú fueran todos británicos?” “¿Era San Martín un patriota o un agente inglés?”.
Ante todo, José de San Martín no era argentino; como no lo podía ser nadie que hubiera nacido en estas tierras 32 años antes de la Revolución de Mayo, punto de partida de la nacionalidad. Más aun: San Martín no era siquiera un criollo; no, al menos, culturalmente. No estudió en el Colegio de San Carlos y en la Universidad de Chuquisaca, sino en el Real Seminario de Nobles y la Escuela de las Temporalidades de Málaga.
San Martín era español a más no poder. Había nacido en territorios españoles de ultramar —el Virreinato del Río de la Plata, donde estaba destacado su padre, Capitán de los Reales Ejércitos de España— y tenía apenas cinco años cuando fue llevado a la península. Allá lo hizo todo: desde aprender las primeras letras hasta convertirse en militar. Durante 22 años se pasaría luchando por su patria (España) en distintos escenarios europeos.
En 1807, cuando Napoleón ocupó casi toda la península ibérica, San Martín fue uno de los oficiales de la resistencia: integraba el ejército que se esforzaba por expulsar al francés invasor. Ese ejército —concentrado en un sector de Andalucía— era muy débil, y en 1808 pidió ayuda a Inglaterra, que para entonces ya había echado a Napoleón de Portugal. Ante la necesidad de enfrentar a un enemigo común, ingleses y españoles (rivales durante décadas) se convertían, así, en aliados. Fue por eso que San Martín peleó en Albuera bajo las órdenes de William Carr Beresford, el inglés que había invadido Buenos Aires en 1806.
Un temor dominaba por entonces a ingleses y españoles. El ejército francés controlaba casi todo el territorio español, Fernando VII estaba preso y las Cortes (el gobierno rebelde) estaba confinado en una isla frente a Cádiz. ¿Qué pasaría si Napoleón se resolvía a invadir América, donde las colonias españolas habían quedado libradas a su propia suerte? No le sería fácil al francés burlar o derrotar a la Royal Navy en los mares; pero, si la aventura se llevaba a cabo, Francia se convertiría en dueña de Europa continental y América. En ese caso, Inglaterra no tardaría en caer bajo las garras del Gran Corso. España, a su vez, se convertiría en una mera provincia de Francia.
La forma de reducir el peligro era establecer aquí gobiernos autónomos, o fortalecer los ya establecidos; todo ello con la ayuda de Inglaterra, aliada de España en la lucha contra el invasor. Eso exigía desplazar a virreyes y capitanes generales, que no tenían respaldo popular pero, esperanzados en la restauración, se valían de su poder de fuego para mantenerse en sus posiciones.
Los ingleses sabían mucho acerca de América del Sur, desde las épocas en las que Inglaterra y España eran enemigas. En aquellos tiempos, varias veces habían planeado invadir las colonias españolas, y Beresford podía dar testimonio de lo lejos que habían llegado en algún caso. Los viejos planes, y gran cantidad de información sobre estos territorios, fueron puestos a disposición de San Martín y otros oficiales, que no sabían nada sobre el mundo que iban a encontrar. San Martín no tenía parientes ni amigos en el Río de la Plata, y apenas guardaba recuerdos infantiles de Buenos Aires.
Algunos parecen creer que, en 1811, Europa era la de hoy en día, San Martín era un turista argentino en España e Inglaterra ya había invadido las Malvinas. Les cuesta explicar, entonces, por qué San Martín fue de España a Londres con pasaporte inglés, pasó (“misteriosamente”) algunos meses en la capital británica, se vinculó a la logia de la calle Grafton Street, y vino al Río de la Plata en la fragata inglesa George Canning con otros diecisiete oficiales.
En este punto surge otro falso enigma: “¿Por qué, si España era su patria, la traicionó apenas llegó a América?”
Está claro que San Martín venía a cumplir un plan. Apenas llegado, formó el cuerpo de granaderos a caballo y, enseguida, dio el primer golpe de estado de la Historia argentina: derrocó al primer Triunvirato, instauró un gobierno leal y, en cuanto pudo, le reclamó la gobernación de Mendoza: un sitio donde él jamás había estado. Su propósito era iniciar desde allí la campaña a Chile y Perú, principales objetivos de su proyecto: controlar la Sudamérica austral. Luego procuraría la unión con la Sudamérica septentrional, cuya liberación estaba a cargo de otro oficial que, como él, había venido de Londres y tenía apoyo británico: Simón Bolívar. Las eventuales Provincias Unidas de Sudamérica, con gobierno popular y una alianza estratégica con “la reina de los mares”, alejarían el fantasma napoleónico y consolidarían la unión de Inglaterra y España.
¿Cuál España? Esto es lo que debieron preguntarse, a poco de llegar a América, San Martín y todos los otros españoles, nacidos en estas colonias, que venían a cumplir aquél plan.
Luego de expulsado Napoleón de la península (1813), Fernando VII recuperó el trono y... España se dividió en dos. Tanto allá como acá.
De un lado, el absolutismo, que en la península se escudaba tras los borbones y en América era representado por los virreyes.
Del otro lado, los liberales (o reformistas), que en la península se habían agrupado en “juntas” y en América también.
En la península, el rey restableció la Inquisición, restituyó los señoríos, clausuró todos los periódicos, cerró los ayuntamientos y diputaciones, e inició una feroz persecución de los liberales. Eso provocó una guerra civil, en la cual se sucedieron, hasta 1820, los “pronunciamientos” de esos liberales, agrupados en “sociedades secretas” que aspiraban a restablecer la Constitución de 1812.
En América, los virreyes —“realistas” ultramontanos— pugnaban por mantener el monopolio comercial, así como sus propios privilegios, y enviar más tesoros americanos a la Corona. Los criollos, agrupados en “logias”, iniciaron una lucha paralela a la del liberalismo peninsular. Querían imponer principios similares a los de la Constitución de Cádiz (1812), que ya San Martín había hecho sancionar por la Asamblea del año XIII.
Inglaterra estaba del lado de los liberales, tanto en la península (y, en realidad, en casi toda Europa) como en América. Se había formado una alianza entre defensores de dos libertades: la de expresión y la de comercio. Era una alianza facilitada por el absolutismo, que había emprendido un ataque contra ambas a la vez.
España y América vivían, por lo tanto, procesos paralelos. Sin embargo, la lejanía, la disparidad de historias y poderíos entre Sudamérica y Europa, y hasta la diferenciación étnica —resultado de tres siglos y medio de mestizaje— terminarían por darle otro cariz a la lucha americana.
España no era una sola. Se había desdoblado, y la España dominante era la opresora. Salvo un breve período constitucional —que Pío Baroja comparó a “un pesado carro tirado por mariposas”— la península vivió bajo el absolutismo hasta la muerte de Fernando VII, en 1833. Es lo que se recuerda como “la década ominosa”.
Luchando contra el oprobio absolutista, los liberales españoles sembraban las semillas de un republicanismo que sólo florecería muchas décadas más tarde. Los criollos, fueron encontrando, en América, nacionalidades nuevas.
San Martín no traicionó a España: se hizo argentino al mismo tiempo que el virreinato español en el cual había nacido. Se hizo argentino (y un poco chileno, y un poco peruano) a medida que se iban moldeando —con su inestimable ayuda— estas naciones antes inexistentes. Naciones que ahora veían la luz y se abrazaban a los mismos ideales de libertad por los que allá lejos seguían luchando (contra el Rey absolutista) los antiguos, españolísimos, compañeros de armas de San Martín.
'Don José'
José Ignacio García Hamilton presentó una biografía novelada sobre San Martín, titulada 'Don José' en julio del año 2000. En menos de un mes agotó una edición y vendió más de cincuenta mil ejemplares. Cada una de sus presentaciones termina en escándalo debido a la presencia de grupos fascistas que disfrazados de sanmartinianos puros tratan al autor de poco menos que hereje. Así ocurrió en la Feria del Libro de Rosario y también en Mendoza.
García Hamilton se apropia de algunos detalles que distintos historiadores e investigadores fueron revelando en torno a San Martín. La posibilidad de que sea hijo de Diego de Alvear y de la india guaraní Rosa Guarú, hecho que la tradición oral correntina da por cierto y que se puede apreciar escuchando 'Memoria de la sangre' del conjunto musical 'Los de Imaguaré'; la adicción del general al opio; su gusto por las mujeres; la apertura de una cuenta en Gran Bretaña con fondos oficiales; son algunos de los hechos que despertaron la polémica en torno a la obra del escritor.
Incluso hay reflexiones que pueden democratizar la polémica en torno a la historia oficial. Hace poco tiempo el propio García Hamilton publicó que parte de la sociedad argentina 'prefiere tener como progenitor simbólico a un hijo legítimo con sangre puramente europea. Hasta la posibilidad de que fuera adoptado ha sido tomado como un insulto en ciertos sectores recalcitrantes'.
Y terminaba diciendo que 'en un país donde hace menos de veinticinco años el terrorismo de estado sustituía la identidad de seres vivos (los hijos de secuestradas embarazadas que luego hacían desaparecer), resulta curioso que no se admita ni siquiera reconsiderar algunosrasgos filiatorios de un hombre que murió hace ciento cincuenta años y cuyos méritos no sufrirían ninguna mengua de confirmarse estos nuevos aportes'.
Para el historiador Hugo Chumbita, 'un libro de memorias escrito en el siglo XIX por María Joaquina de Alvear y Sáenz de Quintanilla confirma rumores que recorren dos siglos de historia argentina: San Martín fue hijo del español Diego de Alvear y de una india guaraní, de quien la tradición afirma que se llamaba Rosa Guarú'.
Según su interpretación, 'San Martín padeció su destino americano: no saber quién era, el extrañamiento, la ausencia materna, la conciencia de ser hijo de la violencia de los dominadores sobre los pueblos nativos. Se alzó desafiando al mundo de su padre. Transformó su humillación en rebeldía política. La persona, la memoria y la significación de San Martín no son patrimonio de una familia, ni siquiera de un país. Es una figura americana y universal. Es hora de saber quién fue'.
Lo fundamental del dato según el punto de vista de Chumbita es que sirve 'para entender y resolver, entre otros enigmas, su venida a América en 1812, sus contradicciones con la élite porteña y su concepción de la revolución, la forma de gobierno y el destino común de los países emancipados'.
Sin embargo, ninguna de estas cuestiones parecen alumbrar la necesidad de revelar y masificar el pensamiento político, económico y social de San Martín.
Es más, al volver la discusión en torno a su comportamiento privado, individual, se lo recorta y se lo separa el sujeto social que le dio la dimensión de hombre público, es decir, las masas voluntarias que lo convirtieron general de Los Andes.
De tal forma se repite la más perversa de las lógicas de la falsificación histórica, aquella que supone que los grandes hechos son protagonizados y producidos solamente por grandes hombres, por semidioses que están más allá de los demás mortales.
El sistema económico y político que mantiene una estructura social que tiene en el vértice de la pirámide a un reducido grupo privilegiado continúa intocable. San Martín parece ser un hijo directo del status quo o, en el peor de los casos, uno de los principales gestores de la Argentina actual.
'San Martín y la tercera invasión inglesa'
Pero quizás el autor que más cuestione el rol político de San Martín, sea Juan Bautista Sejean en sus dos libros 'San Martín y la tercera invasión inglesa', de julio de 1997, y su reciente 'Prohibido discutir sobre San Martín'.
A pesar de las cuatro ediciones de su primer obra, Sejean sufrió los efectos de la censura de los grandes diarios nacionales, hecho repudiable en el marco de la democracia argentina.
Sus textos concluyen en que San Martín fue 'el sucesor de Beresford y de Whitelocke, o, para ser más preciso, el jefe de la tercera invasión inglesa al Río de La Plata. Disfrazada, naturalmente, escondida dentro de la llamada 'Logia de Lautaro', especie de envase hermético con etiqueta criolla que contenía la salsa inglesa que supimos digerir', sostuvo Sejean.
Para el autor, 'el golpe de estado del 8 de octubre de 1812 por el cual la logia se encaramó en el poder colocando en los puestos claves del gobierno a sus hombres', Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez Jonte, favorecieron a los ingleses. Llega a decir que Saturnino Rodríguez Peña 'fue innegablemente un agente inglés pues no solamente ayudó a escapar a Beresford sino que también percibía una pensión del gobierno británico y una asignación del general Whitelocke'. Sejean no repara en el hecho de que Nicolás Rodríguez Peña formaba parte de los logistas que respondían a Carlos de Alvear, contrario a los proyectos sanmartiniano, según declaró el general Zapiola a Bartolomé Mitre.
Sejean dice que el abandono que hizo San Martín del ejército del norte para 'dirigirse a Córdoba' fue porque en esa ciudad estaba Paroissien, 'el primer extranjero que solicitó la naturalización' en el país y dirigía una fábrica militar de pólvora. Con el tiempo Paroissien sería uno de los encargados de comprar dos barcos de guerra con fondos de un empréstito peruano. Para Sejean se trata de un hombre que trabajaba para Londres y que siempre acompañó a San Martín por esa misma razón. No hay mayores fundamentos para adjudicar al correntino una relación contractual o de subordinación a Gran Bretaña por esta relación con Paroissien.
Luego cuestiona la designación de San Martín como gobernador intendente de Cuyo y la declaración de la independencia en 1816. 'En 1813 la asamblea constituyente no dio ese paso porque Inglaterra se opuso, según lo sostiene Rosa (por el historiador revisionista José María). En 1816 San Martín presionó para ello -lo dice Terragno- lo que significa que Londres dio la directiva en ese sentido', remarca Sejean.
Resulta curioso el desarrollo de la lógica del autor. San Martín en 1813 apenas comenzaba a producir hechos políticos como el alzamiento de octubre del año anterior y la batalla de San Lorenzo y tres años después, siendo gobernador de Cuyo, demanda una rápida decisión política para la declaración de la independencia. La conclusión parece descansar más en los aspectos del desarrollo de los hechos internos y del proyecto sanmartiniano que en las decisiones tomadas supuestamente desde Londres en 1816.
A posteriori señala la comunicación de la independencia de Chile a lord Castlereagh, la orden de partir hacia el Perú, la independencia del mismo país, su partida de la tierra de los incas como consecuencia de una resolución de 'los amigos (la logia)' y que sería nada menos que una decisión de Gran Bretaña. Dice Sejean que 'en su aspecto formal, en su epidermis, su misión no ofrece matices espurios. Empero, detrás de ella se advierte nítidamente entre bambalinas la actuación del titiritero inglés. Duff, Castlereagh, Paroissien, Robertson, dirigían o vigilaban sus pasos estrechamente para la consecuencia de las metas fijadas'. No hay ninguna documentación citada que fundamente semejante serie de relaciones que establezca en una aparente cadena de causas efectos la subordinación de San Martín al imperio dominante del siglo XIX.
Termina diciendo que 'los ingleses consiguieron todo lo que habían programado. Dividieron y luego reinaron. San Martín contribuyó sensiblemente para lo primero. Seguramente nunca pasó por su cabeza que con su acción iba a sentar las bases de un largo período de coloniaje británico en esta parte del mundo'.
El trabajo es desafiante y polémico y a la vez contradictorio.
Si los ingleses consiguieron 'todo lo que habían programado' no fue por obra y gracia de San Martín sino por los sucesivos gobiernos que convirtieron al país en 'una de las joyas de la corona de su graciosa majestad'.
Pero he aquí otra vez el vicio de la falsificación histórica: los procesos sociales generan líderes, pero estos expresan la decisión de distintos sectores de un país o de una región.
La derrota del proyecto sanmartiniano, de su economía social puesta en funcionamiento en Cuyo, Chile y Perú, fue consecuencia de la victoria del programa político de la burguesía de Buenos Aires en relación con el capital inglés. El principal referente es Bernardino Rivadavia, enemigo político de San Martín, tanto en lo particular como en lo político. Y el que cobraba como miembro de una empresa inglesa era Rivadavia y no San Martín, como ocurrió con la Compañía Minera de Famatina.
El caso paradigmático de traición a la patria fue el que intentó llevar adelante Carlos de Alvear, enemigo político de San Martín y, según los recientes estudios, medio hermano del general de Los Andes.
El 31 de enero de 1815, Manuel José García, enviado del recientemente designado Director Supremo de las Provincias Unidas, Carlos de Alvear, partió de Buenos Aires con destino a Río de Janeiro para entrevistarse con Lord Castlereagh. Le llevaba una carta del jefe de estado argentino: 'Este país no está en edad ni en estado de gobernarse por si mismo y necesita una mano exterior que lo dirija y sostenga, antes que se precipite en los horrores de la anarquía'.
Alvear agregaba más adelante que 'en estas circunstancias solamente la generosa Nación Británica puede poner un remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos a estas Provincias, que obedecerán su gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer, porque conocen que es el único remedio para evitar la destrucción del país'.
Queda claro quién era el que quería la dominación británica.
Sin embargo los ingleses prefirieron seguir con sus negocios. No les interesaba el dominio político y si su colonialismo, primero mercantil y luego financiero. Esa parece haber sido la decisión política después de las derrotas de las invasiones realizadas en 1806 y 1807.
En junio del mismo año, otra vez Alvear, verdadero enemigo de San Martín en lo político, le envió un detallado informe al ministro español que se encontraba en Río de Janeiro exponiendo la descripción de 'la fuerza efectiva de línea que tienen las Provincias del Río de la Plata que están en insurrección'. Tropas de infantería, caballería, artillería, cuerpos cívicos, informes sobre los trabajos de San Martín en Mendoza, los estragos de la deserción, el ánimo en las montoneras de Artigas, la situación política de Córdoba, Tucumán y Buenos Aires y además de semejante información, 'dos semanas después uno de los compañeros de exilio de Alvear -Angel Monasterio, que fuera miembro del Consejo de Estado de Posadas y Alvear- hacía llegar al ministro español un plano de Buenos Aires con el plan de defensa que se había preparado en caso de invasión', cuenta el historiador Felipe Cárdenas.
Y el 23 de agosto de 1815, Alvear le terminó pidiendo perdón a Fernando VII: 'Es muy sensible a un español que nació con honor...presentarse ahora a vindicar su conducta en actitud de un delincuente y con las sombras de rebelde y enemigo de su Rey. Yo habría ido lejos de los hombres a ocultar mi vergüenza, si no conservase una esperanza de poder hacer disculpables mis procedimientos o si conociese menos la clemencia del Soberano y la indulgencia de sus ministros'.
Sin embargo, después de haber comandado las tropas americanas en Ituzaingó, en 1824, Alvear ingresaría en el olimpo de la historia oficial argentina, mientras que los proyectos políticos y económicos de sus dos principales enemigos, San Martín y Artigas, serían cuidadosamente relegados y ocultados para las mayorías.
Sería bueno saber qué piensa el doctor Sejean sobre las conductas y hechos políticos de Rivadavia y Alvear.
También es interesante observar que el proyecto político sanmartiniano va creciendo a medida que avanza la identificación de centenares de pobladores de las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata con sus hechos y acciones.
De tal forma no es ilógico pensar, tal como lo hiciera Mariano Moreno en su Plan de Operaciones, el propio Artigas en su Reglamento de Tierras e Instrucciones a los Diputados, que la guerra de liberación nacional debía ser continental y que, por lo tanto, la idea de la unidad de las nuevas naciones sería paralelo y posterior al proceso independentista, tal como lo consignó el mismísimo Simón Bolívar. San Martín no podía estar en contra de una unidad que histórica y políticamente no existía ni en los hechos ni en los proyectos.
Su ideología era la derivada del liberalismo español que se opuso a la invasión napoleónica y con el cual vino a estas tierras para seguir luchando contra las monarquías, según coinciden la mayoría de los historiadores.
Al mismo tiempo Sejean se contradice porque permanentemente opina que el general trabajaba a sabiendas para la logia y de acuerdo a los planes ingleses pero termina diciendo que 'seguramente nunca pasó por su cabeza que con su acción iba a sentar las bases de un largo período de coloniaje británico en esta parte del mundo'.
A pesar de esta discusión conceptual y política, de la falta de documentación para fundamentar sus dichos, el libro de Sejean abre una brecha para indagar en los motivos políticos de la falsificación histórica o su proceso paralelo, la construcción de la historia oficial. Sus denuncias sobre las censuras del presente y la publicación del decreto 22.131 del año 1944 que prohibía discutir sobre San Martín, definen con claridad hasta qué punto el sistema necesita preservar ciertas ideas sobre la formación del país para que nadie intente pensar que la nación del hoy es totalmente contraria a los proyectos que sostuvieron algunos de sus prohombres.
'Maitland & San Martín'
Otra de las publicaciones recientes sobre San Martín y sus relaciones con los ingleses es el libro de Rodolfo Terragno, ex ministro coordinador, llamado 'Maitland & San Martín', editado en 1998.
'Al cruzar Los Andes, derrotar a los españoles en Chile y seguir a Perú, San Martín puso en práctica el plan que el general Thomas Maitland le presentara en 1800, en Londres, a Henry Dudas (más tarde vizconde Melville), secretario de Guerra del gobierno de William Pitt El Joven', cuenta Terragno.
Sostiene que 'San Martín buscó el apoyo británico. Esto no lo hace menos patriota. La conducción de toda guerra requiere una política de alianzas. Esto no significa identificarse con los ideales o los intereses de los aliados. El propio San Martín había aprendido en España que las alianzas militares son necesidades transitorias. Durante años arriesgó su vida junto a los franceses en lucha contra aquellos ingleses de los cuales había sido prisionero. Luego, terminó peleando al lado de los ingleses contra el invasor francés'. Según el escritor y actual funcionario, 'San Martín no fue un agente inglés'.
Para Terragno, 'la campaña de San Martín no fue sólo una magnífica campaña militar. El Libertador presionó por la independencia del Río de la Plata, contribuyó a la creación de Chile, proclamó la independencia de Perú y gobernó ese país. Combinó propósitos políticos y militares y los llevó a cabo al mismo tiempo. Una de las razones por las cuales Gran Bretaña nunca se decidió a aplicar un plan como el de Maitland fue, precisamente, por la falta de un líder de las características de San Martín'.
Termina diciendo que 'San Martín demostró ser un líder con aquellas virtudes. Como general fue brillante. Como estadista, visionario. Honrarlo no obliga a ignorar el mérito de Maitland. El oficial escocés concibió, dos décadas antes de la expedición y sin conocimiento directo de Sudamérica, un plan que (está demostrado) era factible y eficaz. La caída del Perú, que ocurrió de un modo similar al sugerido por Maitland, marcó -como él lo previera- el fin del dominio español en Sudamérica'.
A pesar de esta presencia de San Martín en los medios de comunicación del año 2000, su pensamiento político y económico sigue desconocido para las grandes mayorías argentinas.
Como también es preciso remarcar la continuidad de la falsificación histórica.
Otra vez la historia aparece como el producto de los grandes hombres.
Como si nadie hubiera cruzado la cordillera junto al correntino, como si nadie hubiese muerto y sangrado en San Lorenzo, Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú.
¿O no fueron 3.700 voluntarios los que siguieron a San Martín en la utopía del cruce de Los Andes?.
¿No fueron ellos los que legitimaban al general?.
¿Y por qué lo hicieron?.
Seguramente no fue porque entendían que San Martín era hijo de guaraníes o de españoles, o porque era mujeriego o fiel esposo; tampoco pelearon porque les urgía saber si era masón, agente inglés o monárquico; sino porque los proyectos económicos y políticos que encarnaba eran las respuestas para sus necesidades existenciales.
Esa es la porción de la historia que se sigue ocultando al pueblo argentino.
Y en esa continuidad de la mentira se explica gran parte de la desesperanza de miles de argentinos que no saben dónde encontrar un camino para salir de las injusticias del presente.
Malditos e indispensables
'Maldita sea mi estrella. El general San Martín siempre será un sospechoso en su país', dijo el general correntino que se reconocía indio y que se opuso al proyecto de la burguesía porteña.
La maldición que alcanzó a San Martín y Artigas no es individual. Sino colectiva.
La marginación, el olvido construido sobre sus proyectos económicos, políticos y sociales, conforman la derrota de un proyecto que incluía a las masas gauchas y nativas, a los pequeños propietarios y a las economías regionales.
La hipocresía institucionalizada a partir de la construcción de la historia argentina y uruguaya difundida desde la concentración de las riquezas que ahogó al interior y condenó a las mayorías a ser meras espectadoras de los procesos sociales; hizo que se levantaran estatuas, se multiplicaran calles y avenidas, pueblos, comunas y ciudades con los nombres de los exiliados, perseguidos, desocupados y censurados San Martín y Artigas.
Tanto bronce, tanta mentira, ocultaron los proyectos político, social y económico de ambos José.
La historia oficial los elevó a padres de la patria luego de haber ocultado sus derrotas frente a los intereses de las burguesías y oligarquías del Litoral, el Plata y las provincias de Buenos Aires y parte de la Mesopotamia argentina.
La suerte de individual de Artigas y San Martín fue la suerte de las mayorías que le habían puesto del cuerpo a las ideas de la revolución de mayo.
Jubilados sin sueldos, despedidos de los estados nacientes por sus ideas políticas y económicas, San Martín y Artigas constituyen una imagen del presente: víctimas, como millones de personas, de un sistema de economía concentrada al servicio a los intereses de los dueños de la globalización.
Sin embargo, ambos forman parte del necesario ideal existencial que descubrirán las nuevas generaciones americanas.
Cuando los pibes del nuevo milenio vuelvan a morder los privilegios y se enamoren de los viejos proyectos aún por ser, Artigas y San Martín volverán a caminar con ellos para completar sus proyectos de igualdad, libertad y justicia para los que son más en estos barrios cósmicos del sur.
Bibliografia consultada:BRUSCHERA, Oscar, 'Artigas', Librosur, Montevideo, 1969.CARDENAS, Felipe (H), 'Los tres renuncios del general Alvear', Revista Todo es Historia, número 15, Buenos Aires, 1968.CHAVES, Julio, 'Castelli, el adalid de mayo', Ediciones Leviatán, Buenos Aires, 1957.GALASSO, Norberto, 'La larga lucha del pueblo argentino', Centro Rosarino de Estudios Argentinos, Rosario, 1987.GARCIA HAMILTON, José Ignacio, 'Don José', Editorial Sudamericana, julio de 2000, Buenos Aires.HALPERIN DONGHI, Tulio, 'Historia contemporánea de América latina', Círculo de Lectores, Bogotá, 1981.JESUALDO, 'Artigas, del vasallaje a la revolución', Editorial Losada, Buenos Aires, 1961.MITRE, Bartolomé, 'Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana', Editorial Anaconda, Buenos Aires, 1950.MORENO, Mariano, 'Plan de Operaciones', Talleres Gráficos Argentinos, Buenos Aires, 1937.MORENO, Nahuel, 'Método de interpretación de la historia argentina', Ediciones Pluma, Buenos Aires, 1975.PEÑA, Milcíades, 'El paraíso terrateniente', Ediciones Ficha, 1975, Buenos Aires.RAMOS, Jorge Abelardo, 'Historia política del ejército argentino', Colección La Siringa, Peña Lilio Editores, 1959, Buenos Aires.REVISTA NOTICIAS, número 1.103, febrero de 1998, Buenos Aires.REVISTA 'TODO ES HISTORIA', número 16, 1968, Buenos Aires.REYES ABADIE, Washington; BRUSCHERA, Oscar; MELOGNO, Tabaré; 'El ciclo artiguista', Tomo 4, Centro Editor de América Latina, Montevideo, 1968.ROJAS, Ricardo, 'El Santo de la Espada', Eudeba, Buenos Aires, 1970.SEJEAN, Juan Bautista, 'San Martín y la tercera invasión inglesa', Editorial Biblos, 1997, Buenos Aires.SEJEAN, Juan Bautista, 'Prohibido discutir sobre San Martín', Editorial Biblos, 2000, Buenos Aires.SUPLEMENTO 'ZONA', Diario Clarín, 16 de julio de 2000, Buenos Aires.TERRAGNO, Rodolfo, 'Maitland & San Martín', Universidad Nacional de Quilmes, 1998, Buenos Aires.VERBITSKY, Horacio, 'Rodolfo Walsh y la prensa clandestina', Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, 1985.

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